“Nada es más suave y al mismo tiempo tan fuerte como el agua, que fluye firme y lentamente, con la sabiduría de tener el mismo destino del hombre: seguir adelante”
El sol me pertenece, el aire es mío, no me tasan el agua porque abunda en claras fuentes y en el ancho río; ¿y no es mía la tierra que fecunda mi labor incesante y fatigosa? ¡Me arrebatan las mieses que he segado, y se las lleva gente perezosa que vive sin dolor y sin cuidado! ¡Tras de quitarme el pan que se me debe, arrancarme los hijos que me ayudan! ¡Y nos llaman soez, inmunda plebe, y si estamos vestidos, nos desnudan! Para vivir nos falta un elemento detentado por leyes inhumanas: con la tierra nos roban el sustento... ¡y respondemos con protestas vanas! Pero la plebe ha de cansarse un día de prorrumpir en quejas inocentes ¡Para acabar con tanta villanía no basta con las uñas y los dientes! Nicolás Estévanez y Murphy maimenes
Cuento Sufí ¡Escuchad, oh amigos!, esta historia; historia que, en sí, es el relato de nuestro propio estado. (Masnawi I 35) Un rey, acompañado de un grupo de cortesanos, ve, en el transcurso de un viaje, a una bella sirvienta, y, enamorándose de ella, la compra a su amo. Más tarde, cuando el rey quiere reunirse con su bella sirvienta, la encuentra enferma y moribunda. El rey, preocupado, llama a todos los médicos de la corte, solicitándoles que curen a su sirvienta. Sin embargo, por mucho que los médicos la tratan, no hay ninguna mejoría en la bella doncella. El rey, muy apenado y perdida toda esperanza en los médicos, se retira y se sumerge en lamentos y oraciones, suplicando a Dios, y refugiándose en Su misericordia. Durante sus oraciones, el rey se queda dormido y tiene un sueño en el que un anciano le da la buena nueva de que al día siguiente por la mañana un médico sabio vendrá para curar a la sirvienta. Por la mañana, el rey va a su encuentro...
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