No existirían las sombras sin luz.


Hay que tener mucho valor para adentrarse en la oscuridad
en busca de los secretos que tras ella se esconden.


A veces ser fuerte no significa tener el valor de seguir caminando
sino tener la valentía suficiente para detenerse,
la fuerza suficiente para ser débil
y el valor para dejarse caer.

Hoy hacia el anochecer
me adentré un poco con la niña ciega
en el bosque donde todo es
sombra y oscuridad.

La acompañé hacia una sombra
que venía a nuestro encuentro.

Le acarició las mejillas
con sus dedos de terciopelo
y ahora a ella también
le gustan las sombras.

Y el miedo que tenía se ha ido.


Del libro de Mujeres que corren con lobos

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