lunes, 29 de agosto de 2016

El valor de una Foto...

El valor de una Foto, no deja de ser  más que el más sencillo  homenaje a dos mujeres más de un pueblo cuyas historias podrían ser las de cualquieras otras que vivieran en su época de posguerra en Canarias.

Pero, más allá del perfil de una cara, es este el testimonio de un hecho familiar que era conocido a todas luces menos para los integrantes de un núcleo familiar de este pueblo.

La vida truncada de Madre e Hija sin mayor culpa que ser jóvenes y de clase pobre .
73 años atrás ,la historia se inicia en la persona de una chica humilde de  16 años. Empleada de hogar interna  que entró a trabajar  en la casa de un conocido señorito ricachón de pueblo.

Tras su llegada a tan noble casa y , transcurrido un corto tiempo, fue devuelta a su domicilio paterno ,según el señorito, porque le escupía y tenía unas reacciones extrañas.

De regreso al hogar y tras el paso de unos meses, su humilde padre ( simple labrador de la zona de La Lechuza) comprobó el motivo de la “devolución de su hija”: un embarazo.

El padre acudió a dar cuentas al señorito quien ante el requerimiento de una explicación sólo dio una callada por respuesta.

La joven al dar a luz a una niña, y tras meses de sufrimiento por su embarazo, enloqueció y rechazó de inicio a su hija.

Dos mujeres quedaron marcadas de por vida por un acto tan vil y cobarde de un ser que no tiene calificativo.

De haber transcurrido estos hechos en estos tiempos, al buen señorito se le  hubiera demandado por violación  de una menor y obligado al reconocimiento del apellido de su bastarda.

Su esposa, conocedora y cómplice de este acto, calló el inhumano fallo de su esposo.
Dignísimo empresario, dignísimo padre de familia, dignísimo “caballero”…tan digno que no se merece ser llamado padre.

Esa hija perdida a la suerte del azar, creció al amparo y apellidos de su madre y abuelos maternos, única familia reconocida  aunque ,todos los que conocieron su  historia, vecinos y allegados, la apodaban: LA MARTELA.

Esa era su herencia ,una paternidad nunca y jamás reconocida para afrenta de tan digna familia acaudalada para sus tiempos.

Entre internado de monjas y sus abuelos  pudo crecer físicamente , pasando muchas miserias ,penas, desconsuelos y hambre .Un día de Reyes como regalo del convento recibió un bocadillo con mantequilla porque los hijos no reconocidos no tenían derecho a más.

Su madre , nunca se casó. Internamente sentía un rechazo a los hombres, de hecho en otra etapa de su vida volvió a sufrir ataques de locura…un dolor y un daño que nunca se mereció pues le arrebataron su juventud y su vida.

Trabajó como asistenta en una noble casa donde los señores comprendieron y arroparon su pena siendo para ellos como parte de su propia familia; afecto que llegó hasta sus nietos , cosa que les estaremos eternamente agradecidos: Señores  Cabrera.

La hija María creció y trabajó de lo único que podía saber, como asistenta en casa de señoritos. Tuvo la suerte de poder casarse y formar su propia familia.

Sus hijos siempre hemos sabido la verdad de su historia y jamás hemos necesitado el cariño de un ser llamado abuelo, por su parte, pero más mamá  añoró en algunos momentos de su vida de tener ese apoyo, cariño y presencia de un padre que nunca tuvo .

Hoy en día mamá no desea más que ponerle cara a ese hombre  del que decían en el pueblo, que se parecía a Jorge Negrete.

No quiere nada de el. Ella pudo hacer su vida, hacer su propia familia y entregarnos todo el amor que a ella le fue negado.

Tiempo hubo de poder llegar a el, pero no dinero pues un pleito y pruebas de paternidad tenían su coste y faltaban los medios.

Calificativos le podríamos dar muchos pero dejemos que sea la justicia divina a quien de cuentas de su vil acción.

Este es y será el único intento de conseguir una foto, que se ha tenido y tendremos hacia los integrantes de esa familia sólo con este deseo muy peculiar de una hija no amada, no deseada y despreciada por ese  hombre.

Hombre que mientras el comía en su mesa rodeado de sus hijos un buen potaje caliente ,en un colegio de monjas ,su hija separaba los gorgojos del mismo potaje para poder subsistir ,o pedía con las monjas un simple plátano verde para comer, paradoja de la vida.
Tal canallesca, vileza humana, no tiene perdón de Dios, pero que sea el quien le juzgue.

El rompió un eslabón en un árbol genealógico familiar destrozando la vida de 2 mujeres de un pueblo, mujeres anónimas y sufridoras de un destino  injusto y cruel. Mujeres tan válidas como cualquiera del pueblo.


YO

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