sábado, 13 de abril de 2013

¡¡¡ Simplemente Jamal !!!



Hoy os dejo un microrrelato de mi novela,hecha con mucha ilusión y amor.
Una novela que con tanta ilusión y cariño le dí vida.
Vida a un joven que supo crecer personal y humanamente ,por sus propios medios y con la tenacidad y sabiduría de un auténtico tuareg.Digno homenaje a un continente tan rico como variado,AFRICA.
Su relato es tan vivencial como real:


"".............................Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.
Jamal no existe en la realidad; cualquiera puede serlo.
Al final sólo cabe destacar la lucha feroz, interior, de un hombre que supo encontrar la significación exacta de su tónica vital. El fue el elegido, ¡lo sabía !.
El hecho de que el hombre sea blanco, negro, amarillo, mestizo, gitano, etc, no quiere decir que su corazón no sea de igual color; que luche por ideales diferentes.
“Somos iguales “, interior y exteriormente, fisiológicamente los mismos: alma y cuerpo que alimentar.
Podemos pensar, sentir, actuar de variadas formas; sin embargo, al final, acabaremos teniendo igual fin. Dios- llámese Allah, Jehová o como se quiera llamar- nos hizo semejantes a su imagen siendo el propio hombre quien pone las desemejanzas.
Somos conocedores del Bien y del Mal, la pena de la gloria, lo dulce de lo amargo, lo duro de lo blando...Conocedores de la doble ambigüedad de la vida.
Es el hombre propiamente quien marca las barreras entre dos mundos: el que debe ser y el que es. Existir es bello, tanto que es el mejor – más preciado – presente, regalo divino.
Al final sólo cabe destacar la lucha feroz, interior, de un hombre que supo encontrar la significación exacta de su tónica vital. El fue el elegido, ¡lo sabía !................................"""
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¡¡¡ Simplemente Jamal  !!!
 
 
Decía Platón que la vida parte a raíz de la caída del espíritu en el carro de la vida, surgiendo de la nada.
                                 Nada  y   todo  es  lo que fue  concedido a  mi buen amigo JAMAL.
Joven por edad, mahometano por excelencia; marcado en el entresijo de un apellido ancestral: BULUFA.
                                  JAMAL   BULUFA, es y sigue siendo, un hombre de corazón noble, fuerte, gallardo y fiel al convencimiento de “Allah “, al amor de una tierra que le vio crecer, y sobre todo, sufrir.
                                   Pareciese  que su designio estuviese predestinado a la desidia.
Marruecos, lejano, y místico, glorioso, hospitalario, popular, vivarachero, sol, playa, todo  y aún más englobado en un mosaico multicolor cual  arco iris adornando cielo y tierra.
             Su  historia, larga con períodos  prósperos y brillantes donde ha sabido siempre  triunfar de las dificultades pasajeras, salvaguardando su libertad y unidad territorial.
             El corazón de este país, pueblo  bereber  de raza blanca, de organización social trivial,donde  un número determinado de familias patriarcales, reclamándose del  mismo antepasado se juntan en clases, en fracciones o tribus. Una  asamblea  de “notables”  hace respetar la  justicia y toma las decisiones de interés general.
Mezcla de tribus, disputas de  Cherifs, (descendientes de Mahoma) fueron configurando la estructura actual del país que engendró al personaje de nuestra historia – realidad ,leyenda, toda vez.
Jamal   lo fue, sólo cabe completarla con el primer pensamiento mahometano: “Dios es grande  - ALLAH   AKBAR  “.
Se puede ser feliz pues todo ser está programado, en cada célula de su organismo, en cada  latido de su corazón,   en las zonas más abismales del espíritu, para ser dichoso, feliz.
   En la realidad humana, cada individuo nace, está predestinado a seguir el curso de un destino, de una determinada existencia; todo ello independientemente de su voluntad o libre albedrío. Si pudiéramos elegir ser quienes somos (o queremos ser), vivir en una región concreta: ciudad, población, etc., Nuestro deseo sería eje sobre el cual rodaría nuestro andar.
            Nacemos libres pero el hombre, en ese instante, pone sus propias ataduras: creencias, convicciones familiares, sociales, tabúes.
La vida nos viene dada, regalada como tributo de un Dios -  llámese Allah, Buda, Jehová,generoso, repleto de amor a sus hijos, nosotros, todos.A lo que replica un viejo cantar, con la sabiduría de la experiencia:Cada hombre en sí debe acatar, cumplir, con tan generoso presente celestial. Nada más fácil   y sencillo.
En el desconcertante Marruecos, más exactamente en la misteriosa, enigmática zona de  Zagora,  un chico, JAMAL BULUFA, de tan  sólo 17 años, vivía con el recuerdo y el   sueño de hacer realidad su mayor ilusión: ser alguien importante en la vida, o al menos,       importante consigo mismo.
Con su fresca edad ya anhelaba un mundo sin fronteras, dilatado, holgado, en el cual su existencia abarcara cada palmada del reloj, un instante se transformaba en una aventura.El había nacido en un exiguo y desvalido poblado de la gran Zagora.
 Jamal soñaba, anhelaba una existencia tan lejana como dispar de la suya misma.
Anclado a una existencia vital, real, no aceptada.
Una batalla tan existencial, vivencial, no podía  aunarse en un cuerpo joven y puro como el de  Jamal.
Sus  padres eran muy mayores sin apenas fuerzas para trabajar  y alimentar  a sus cuatro hijos, varones  respectivamente. Subsistir  allí  era difícil, costaba ganarse el dirham( dinero ) y el pan que llevarse a sus bocas.
La   agricultura era poco rentable: la  aridez del terreno, la escasez de agua, dinero para las semillas entre otros, la  empobrecieron cada  vez más.
A medida que  Jamal y sus hermanos crecían, ayudaban al anciano padre en lo que su juventud les permitía, sin tener tiempo para pensar en labrarse ellos mismos, es decir, adquirir una cultura  que les diese una identidad, un ente personal.
 Su deseo,  ansias de descubrirlo todo, de aprender a leer y escribir perfectamente el  “gran libro “, de  “ser alguien más “, no siendo un simple artesano, hizo que destacara entre los demás y, después de mucho tiempo, llegara a ser un hombre diferente, nuevo, importante. “ No es pecado humano el anhelo de superación.”
Un hecho crucial, crítico, cambiaría el rumbo de su existir: la muerte de su  “madre- amiga-confidente”.En el lecho de su muerte, Jamal le prometió a su madre cuidar de sus hermanos; cuatro, tres y un año menores que él hasta que ellos tuvieran sus vidas independientes; resueltas de él.
Su padre se había casado con una viuda bien adinerada y  libre de ataduras familiares algunas.
A sus 20 años, Jamal- mitad hombre, mitad niño – sólo sabía escribir su nombre a duras penas. Cuidó de sus hermanos menores: El Bachiri, Alí y Husayn , como mejor sabía, podía.
Trabajó  en varias comarcas; en diferentes ocupaciones: mercader, camellero, feriante, cuidador de cabras, etc.
Ellos  habían resucitado, sin quererlo, su gran anhelo. Aprendía- diríase que devoraba – con ansiedad infrenable todo lo que  resultaba desconocido para  él; atractivo, tentador, y cada vez, el  ansia de superación iba ganando terreno, fuerza en él, en su corazón hambriento.
Jamal no quería ser “uno más entre la  masa “que se limitaba a dejar  transcurrir los días sin más. “Dueño de todo y dueño de nada “.En sus cálidos arenales se sentía  arropado, señor de las arenas, guardián de fantasías, cual Tuareg firme, arrogante, seguro de sí mismo, leal, fiel.
¡No es fácil aceptar que tu vida no te pertenece; que tu cuerpo  humano y carnal son sólo claras cenizas, tan etérea materia...!
¡Qué fácil desconectarse de la verdad de la vida y subir más allá del Universo; soñar es lo más bello que posee el hombre!
Trabajó muy duro hasta que su cuerpo, ya molido de sufrimientos, pesares, empezaba a quejarse.
Llegó a robar (falló ante los preceptos del Corán) para conseguir algún sustento  para sus desvanecidos cuerpos; suplicando cuando tenía que guardar su orgullo entres sus mandíbulas; apagándose de tal forma, poquito a poco. Nunca se vio tanta rebeldía, lucha, en  un ser pequeño pero  un ser de alma grande. No podía ser más complejo.
¡Un golpe de suerte sería suficiente!
Y como surgido de un saco de sorpresas, así cambió la trayectoria de vida para los Bulufa, y en especial para nuestro Jamal..Sus  hermanos: El –Bachiri, Alí  y Husayn crecieron rápidamente como crece la hierba mala, forjándose cada uno sus propias vidas.Husayn, el más pequeño, marchó con su padre quien había comprado un rebaño de cabras para criarlas y venderlas.
Las penas y las promesas que Jamal había contraído iban desapareciendo como recompensa divina: “Es de buen hijo ser agradecido con el Padre porque la  cosa más dulce que la miel es el amor de los  hijos buenos a los padre.”Marchó a la ciudad prometida: Rabat.
Colgó desventuras, adversidades, ilusiones, sinsabores, penas, amarguras; más congojas que alegrías.
Jamal se enteró de que se abrió una moderna refinería de petróleo y necesitaban mano de obra. Sin dudarlo dos veces, partió hacia la capital con las pocas pertenencias que tenía en su gran saco de sueños acumulados durante tanto tiempo.
Aún así,  él estaba allí: ¡Jamal Bulufa!, ¡y que  todos se enteraran!, ¡estaba escrito, él lo sabía!
Trabajó hasta la extenuación, duro, pero le recompensaba  guardar  lo suficiente para  subsistir e ir apartando alguna moneda.
Desempeñó todo tipo de labor dentro de la empresa; este aspecto no mermaba su  capacidad. Sólo era cuestión de un poco de paciencia y tiempo.
Escalafón a escalafón fue llegando a la directiva  puesto que su  característica personal innata y la confianza ganada entre sus superiores  lo distinguieron notoriamente.
Se  convirtió en otro hombre nuevo (el que él quiso) a fuerza de voluntad, empeño y suerte del destino. En consecuencia de todo ello, él ,Jamal, mahometano –musulmán, no olvidaría nunca dar las gracias a Allah; sin él, sin su ayuda, no hubiera sido quien estaba predestinado a ser.
De esta forma, Jamal recita versos que afloraban  a sus labios como bálsamo a un corazón oprimido, luchador, henchido de entrañable nobleza y agradecimiento hacia un Dios,” su Dios “en el que depositó su confianza sin ser defraudado en sus esperanzas.
Su oración de gracias comenzaría como cada noche lo hacía desde que su madre le enseñara cuando aún balbuceaba tímidamente en su regazo:
¡¡¡ ALLAH  AKBAR  !!!
¡Gracias Señor, eternamente gracias!
Tu hijo, Jamal
 
Autora: Sami-Samira.
 
Las Palmas de G.C.,13 de Abril de  2013

 
 
 

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