martes, 5 de junio de 2012

Los descendientes de los moriscos




Una de las tareas que debería asumir la moriscología, es mostrar a los españoles que la historia de los moriscos no fue así acabada brutalmente por el decreto de la expulsión firmado por Felipe III, hacía cuatro siglos, sino que sus descendientes siguen viviendo hasta nuestros días en grandes y pequeñas ciudades, y en modestos pueblos donde heredaron de sus ascendientes documentos, usos, costumbres y la nostalgia que aún todavía está fresca en su sangre. Una nostalgia al Paraíso perdido, donde sus antepasados llegaron a construir toda una civilización cuya luz sigue brillando hasta nuestros días.

En efecto, la expulsión no era más que resultado de una actitud débil y el fracaso de la política asimiladora decidida por los Reyes Católicos. Las continuas represalias sobre la minoría musulmana es el causante del rompimiento de la convivencia mantenida más de ocho siglos, además la intolerancia contra la fe de aquellos “moriscos” y su consiguiente expulsión marca el cierre de casi nueve siglos de la presencia musulmana en la Península, donde cerraron puertas y abrieron otras en las tierras del Islam. El norte de África era el lugar donde se les dio la bienvenida como correligionarios (lo mismo que hicieron antes con los judíos y los andalusíes que vinieron al país después de la toma de Granada), donde se integraron fácilmente a causa de la tolerancia de la población natal y por los andalusíes instalados allí desde hacía centenares de años.

Muchos de aquellos optaron como destino países como: Argelia, Túnez, mientras, que había entre ellos unos escasos casos que pasaron la frontera a Francia, aún más, otros pudieron llegar hasta Turquía. También hay historiadores que suponen, que una minoría condenada a galeras pudo llegar al Nuevo Mundo. Pero la mayoría vasta prefirieron pasar al vecino Marruecos gracias a su cercanía y su similitud geográfica con las tierras que dejaron. Los moriscos pensaban al principio que iban a encontrar un espacio nuevo y exótico, difícil de aguantar, pero pasado el tiempo sintieron como si nada hubiera cambiado.

Pero, frente a esa integración relativamente fácil se plantea la pregunta: ¿las nuevas tierras donde se instalaron los moriscos, les hizo olvidar fácilmente su patria natal?

La verdad no es así en absoluto, habida cuenta, que entre los que fueron expulsados, muchos llevaron siempre el sueño de regresar a la patria donde nacieron. La mayoría vasta se establecieron en la costa africana mediterránea con intención a volver. Por ello, muchos moriscos consideraban su existencia en Marruecos como momentánea. Este comportamiento, es lo mínimo que puede hacer un hombre hacia su patria, porque la patria como se suele decir, es la cuna y la tumba de cada persona.

Pero los moriscos, después de descartar la idea de volver a la tierra de sus antepasados, contribuyeron en el desarrollo de la vida social, política, administrativa y económica de Marruecos.

Esto, causó que, mientras la expulsión tuvo graves secuelas sobre la ya agravada situación económica de España, en la nueva tierra del otro lado del Estrecho, fueron muy importantes los aportes de estos exiliados, que introdujeron nuevas técnicas de regadío y productos totalmente desconocidos, etc.

Con esa nueva población surge una majestuosa cultura y civilización en el norte de Marruecos, conocida hasta hoy con el nombre de la cultura andalusí, destacada sobre todo en la arquitectura y la música.

En el ámbito arquitectónico se debe a ellos la introducción de modos de construcción muy avanzados y totalmente descocidos por la población natal. Copiaron el trazado, el mismo trazado de las casas, patios, pozos y jardines que dejaron en su tierra natal. En el dominio cultural, social y económico se anotan muchas contribuciones más, que nos han llegado hasta el tiempo presente.

Muchos historiadores asocian la expulsión de los moriscos 1609-1614, o generalmente el siglo XVII con su desaparición y fin de su historia. Pero, así la historia de los moriscos quedaría incompleta, si no hiciéramos una búsqueda profunda sobre el destino que corrieron después de su exilio. El norte de África, como hemos visto, constituye un terreno fértil donde aquellos moriscos sobrevivían y crecían de una manera perpetua.

Actualmente viven miles de los descendientes de aquellos musulmanes españoles, que se vieron obligados a abandonar al-Ándalus derrotado, en ciudades como: Tetuán, Fez, Salé, Rabat, Chauen, Tánger, Marrakech, etc. Ciudades donde encontraban condiciones de vida no muy diferentes a las que tenían en España.

Uno de los centros donde perviven los descendientes andalusíes en la actualidad es Tetuán, conocida con el sobrenombre de “Hija de Granada “.

Tetuán recibió primero, oleadas de andalusíes antes y después de la toma de Granada. Después, tuvo la suerte de acoger un número considerable de los moriscos que fueron expulsados de sus casas por el decreto firmado el 9 de abril 1609 por Felipe III, en el que se les ordenaba que abandonasen el país para siempre, dejando todo lo que tenían.

Tanto los andalusíes como los moriscos, vendieron sus propiedades, llevaron lo que pudieron cargar en sus espaldas, cruzaron el Estrecho de Gibraltar sin ninguna condición de salubridad, para comenzar su nueva vida en el vecino Marruecos y, sobre todo en la generosa ciudad de Tetuán.

La existencia de estos descendientes en esta ciudad hasta hoy día, nos muestra cuán es difícil borrar la identidad andalusí morisca, como procuraban hacer los Reyes católicos, Carlos V y Felipe II y III.

En el tiempo presente, Tetuán cuenta, según me ha contado el historiador Mohamed Ben Azuz Hakim, con 4500.000 personas de la población total que tienen linaje andalusí, entre estos hay muchos que llevan apellidos españoles (los que fueron llamados elches en la época de la Inquisición) como: Sordo, Molina, Moreno, Murcia, Torres, Grande1, Aragon2...

Durante mi investigación, me ha sorprendido el carácter con que se distinguen estos descendientes y los importantes empleos que regentan como: profesores, directores, ingenieros, escritores, pintores, y un largo etcétera. Pero, también hay entre ellos, otros que desempeñan un papel no menos importante en movilizar la prosperidad y la economía de las ciudades donde residen y trabajan como: artesanos, sastres, albañiles, agricultores, tejedores, etc.

Otro núcleo central de los descendientes andalusíes, es la pequeña ciudad de Chauen. La ciudad fue fundada por un grupo de andalusíes encabezado por el Mulay Ali Ben Rachid en 1471. Chauen tiene majestuosa semejanza con muchas ciudades y pueblos de al-Ándalus. La ciuadad posee una preciosa Alcazaba que parece un ejemplo diminutivo de la Alhambra de Granada. Muchos barrios en la medina llevan nombres andalusíes, como: barrio Gharnatí, barrio Rif al-Ándalus, nombres que traen a memoria y evocan la grandeza de al-Ándalus.

La presencia de estos descendientes es muy fuerte, hay entre ellos familias que tienen apellidos toponímicos como: Murcia, Chblí (Sevillano), Biyaz ( de Albaicín), Gharnati (Granadino).

Esta ciudad se considera hasta hoy en día, a pesar de las nuevas construcciones que perjudican su carácter andalusí en la arquitectura, una ciudad de mayor legado andaluz.

Los descendientes que viven actualmente en la ciudad o sus alrededores, todavía mantienen vivo su carácter andaluz. Algunos ejercen oficios que trajeron sus abuelos hace siglos: cultivar huertas de los alrededores, o sus pequeños jardines en sus casas, tejer trajes con lana de ovejas locales, fabricar cestas, vender en los zocos en las puertas de la medina: pasas, habas, lentejas, garbanzo, higos, trigo, cereales, leche y recipientes de barro. Blanquear casas con cal, todas estas eran actividades moriscas que sobreviven hasta el presente gracias a estos descendientes.

Muchos de ellos incluso heredaron de sus antepasados unos conocimientos y oficios, que todavía ejercen en la actualidad:

Veamos por ejemplo:

· la familia Akel: famosa por la construcción y Albañilería.

· Familia de Al-Baytar: se dedican a la veterinaria y curar enfermedades de los animales.

· Familia Denkir: practican la tejería.

· Familia Imraní: especialistas en plantas y plantación.

· Familia Moufarej: heredaron la medicina y farmacología.

Por otro lado, en la sociedad marroquí es fácil identificar a estos descendientes andalusíes de los demás marroquíes. La conciencia de su superioridad les permitió mantener intactos su origen y costumbres hasta el día.

Hoy en día las características propias de los andalusíes, se notan plenamente claras en estos descendientes, que se encuentran sobre todo en las montañas del Rif. Entre estas cabe señalar el hablar con voz baja, con una apertura estrecha de la boca; timidez y por fin, prolongar la última sílaba de la palabra, lo que se llama en árabe ‘ imála ‘, que se utiliza sobre todo en la recitación del Sagrado Corán.

Todas estas características todavía perviven en el norte de Marruecos y sobre todo en pueblos como, Álcalaa, Anjra, Lkhmasse, Bani Hassan, Bani Jbara (Guevara).

También al hablar de esos descendientes, tampoco hay que olvidar el género femenino de la sociedad. Esto me recuerda por las palabras del difunto historiador chauní Muhammad Abu Assal, quien me dijo:

“la mujer andalusí también tuvo sus métodos para lamentar la pérdida de su paraíso ’al-Ándalus’. La fecha de 1492 representaba para la mujer andalusí un duelo, año cuando empezaba a vestir su cobija negra y poner “al-Kohol’ en los ojos, tradiciones mantenidas hasta hoy día por algunas mujeres”.

Tampoco hay que olvidar que, en Marruecos los centros de polarización no se restringían sólo a las ciudades, sino que el factor andalusí está muy presente en los pueblos cercanos a Tetuán y Chauen, donde se mantienen hasta hoy en día intactos muchos usos, sobre todo en los pueblos costeros como Kaâsras que nos suena como “Caceres “. 3

Al Maqqari en un texto fundamental sobre la instalación de los moriscos en Marruecos, asegura la construcción de unos pueblos por aquellos exiliados:

“Salieron millares para Fez. Construyeron pueblos y poblaciones en sus territorios deshabitados; lo mismo hicieron en Tetuán, Salé ...”.4

Habida cuenta, que mientras unos moriscos habitaron en ciudades existentes o fundaron otras nuevas, había entre ellos una minoría que probablemente habitaba pueblos en la Península, prefería vivir agrupada en aldeas alrededor de las ciudades.

A algunos de estos pueblos Con verosimilitud se les dieron nombres peculiares en alusión a la tierra de sus abuelos, donde nacieron y de la cual fueron forzados para dejar.

Tal vez esto explique, el hecho de haber nombres de pueblos similares en ambas riberas, como por ejemplo, la semejanza toponímica existente entre: Alcalá en España, con el pueblo del Álcalaa (ﺍﻠﻘﻠﻌﺔ) en el norte de la ciudad de Chauen.

Respecto a esto, en España sólo en la provincia de Cádiz, figuran: Alcalá del Valle, y Alcalá de Gazules, en este último pueblo, según la definición que nos presta la enciclopedia Encarta: “El pueblo cuenta con canteras y hornos de cal, que se utilizan para blanquear las paredes de las casas según la tradición musulmana”.5

En definitiva los moriscos después de ser expulsados de la península, donde cerraron puertas encontraban en Marruecos un espacio apropiado donde levantaron sus nuevas casas, desarrollaron la cultura con que les gustaba identificarse e intentaron construir una copia diminutiva de al-Ándalus después de descartar cualquier posibilidad de regresar. Todo esto, fue transmitido a los descendientes de los andalusíes a través de distintas vías, pero no olvidemos la nostalgia que habían heredado estos descendientes al Paraíso perdido, transmitida por la vía más noble y pura de toda la eternidad, una vía que no se estropea ni se suprime con el paso del tiempo, porque es la vía sanguínea

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