viernes, 8 de marzo de 2013

"Escarabajo con derrah"



Recientemente se ha estrenado un documental sobre la lucha del pueblo saharui a lo largo de estos 33 años de maldito destino e injusta suerte. Se trata del largometraje "El Sáhara no se vende" de Joaquín Calderón Jiménez y Luis Arellano Blasco presentado en la 5ª edición de Fisáhara 2008 en los Campamentos y en Documenta Madrid 08. Nos parece una obra fascinante y bastante completa. Y aunque son flojas algunas de las declaraciones de los personajes que aparecen; las de Maima Mahamud, directora de la escuela de mujeres de Dajla, son toda una revelación. Las más profundas y conmovedoras.
Esta joven ingeniera, luchadora y emprendedora, sorprende cada vez que abre la boca. Su discurso nada convencional, es contundente y sabio. Maima se emociona y emociona cuando habla; pero recupera el aliento y continua esbozando ideas. Está informada desde la más minima actividad de su escuela, hasta de las maniobras de empresas extranjeras y sus pretensiones de explotar ilegalmente los recuersos naturales del Sáhara Occidental.
Maima conoce bien la realidad de las mujeres y sabe que ahora confian en ella y en otras mujeres como ella mucho más que, como dice en el film, en un "escarabajo cualquiera vestido con derrah". Una metáfora graciosa pero triste en referencia a los hombres.
Desde su trinchera en los Campamentos conoce y censura que los mass media españoles dedican infinidad de horas a la difusión de chismorreo y telebasura, mientras el conflicto del Sahara no figura siquiera en la agenda de política exterior de su gobierno. Hace hincapie en la necesidad y urgencia de una presión política mayor por parte de "los solidarios", que de cierta manera están anclados en la recogida de lentejas y arroz para los refugiados, sin atreverse a tocar los hilos reales en contra de la pólítica de ZP, su gobierno y partido, que nos está hundiendo cada vez más en el abismo.
En Wurud nos parece estupendo que Maima tenga el coraje y la valentía para expresarse como lo hace, diciendo que los saharuis no queremos sólo la ayuda humanitaria sino que queremos lo que teneis vosotros señores occidentales: libertad y derechos. Queremos tener poder sobre nuestra tierra y la capacidad de decidir en libertad como vosotros.
Enhorabuena querida Maima, sigue así.

miércoles, 6 de marzo de 2013

martes, 5 de marzo de 2013

Creen haber descubierto la tumba de Boabdil

El geofísico Luis Avial ha encontrado bajo la cúpula de la ermita dos lápidas y restos humanos de al menos dos esqueletos que estarían en perfecto estado.

“Hasta que no abramos las tumbas no se puede asegurar que los restos pertenecen a Boabdil el Chico, pero estoy casi seguro de que los restos humanos que hemos encontrado son los del último rey moro de Granada”, asegura a LA GACETA el geofísico Luis Avial, quien ha realizado una prospección del terreno con georradar en el descampado donde se encuentra la musalla (ermita) que ahora se conoce como Puerta del Quemado

Concretamente se han encontrado dos losas funerarias planas, una a un metro y medio y la otra a dos metros. “Es justo lo que los historiadores esperaban, pues los sultanes solían ser enterrados junto a algún santón, y esa ermita es conocida en el barrio como la tumba de (el santo) Sidi Bel Kasem, aunque la memoria de Boabdil se haya perdido”, indica emocionado Avial. Lo más importante es que las tumbas “están en perfecto estado, estructuradas, no desvalijadas ni hundidas, así que lo que nos encontremos será una maravilla”, asegura. El geofísico es conocido por su estudio de los restos del poeta Federico García Lorca.
El último rey moro de Granada, Boabdil el Chico, murió en la ciudad marroquí de Fez en 1533, y su cadáver fue enterrado en un lugar donde ahora un equipo hispano-emiratí se propone sacarlo del subsuelo y, de paso, del desprecio con que la historia lo trató.
El proyecto está financiado por el emiratí Mustafá Abdulrahman y capitaneado por el cineasta español Javier Balaguer, quien prepara un documental y un largometraje de ficción sobre lo que llama “un hombre maltratado por la historia, pese a que le debemos la salvación de Granada y de la Alhambra”.
Boabdil perdió Granada en 1492, lo que significó el fin de Al Ándalus, y se exilió con su familia en el vecino Marruecos, en lo que entonces era el Sultanato de Fez.
Sin mezclarse en luchas palaciegas de Fez ni desempeñar ningún cargo relevante, vivió 40 años más y murió discretamente en 1533, según refiere Virgilio Martínez Enamorado, que ha ejercido como asesor científico del proyecto hispano-emiratí.
Fue 150 años después cuando un historiador árabe llamado Al Maqarri, que decía haber conocido a los nietos de Boabdil, reveló que el rey depuesto había sido enterrado en una musalla cercana a la Puerta de la Justicia de la medina de Fez, una de las más imponentes de la ciudad antigua y ahora denominada Puerta del Quemado, pero la ermita sigue allí, en medio de un descampado que en los últimos días ha sido tomado por Balaguer, cámara en mano, y Avial.
Sin embargo, la maraña burocrática marroquí –y, concretamente, saber quién da el permiso– ha impedido que los expertos puedan realizar una excavación arqueológico-forense y extraer restos que puedan pasar los análisis de carbono 14 y datar al menos su antigüedad, así como la edad o posible enfermedad que tenían esas personas al morir.
El Ayuntamiento de Fez ha conminado a los diferentes ministerios potencialmente capaces de autorizar o bloquear las excavaciones –Cultura, Asuntos Islámicos, Interior– a que den una opinión definitiva para poder empezar las excavaciones la próxima semana.
El prestigioso forense vasco Francisco Echevarría, acompañado de un equipo de cuatro arqueólogos de la Sociedad Aranzadi, se ha comprometido con Balaguer a analizar los restos si llega el permiso, y asegura que en cinco días podrían extraerse huesos o dientes y su análisis demorarse sólo dos meses.
Un Boabdil mexicano
Si se confirmara que en la ermita hay enterrado desde hace cinco siglos un varón de unos 70 años, podría entonces cotejarse su ADN con el de un hombre aún vivo y residente en México. Este hombre asegura poder demostrar que pertenece al linaje de Boabdil, a partir de una hermana o una hija del rey granadino que tuvo que cristianizarse con el nombre de Isabela para permanecer en Granada, la cual tuvo un hijo con Fernando el Católico, y sus descendientes “hicieron las Américas”, siempre según Balaguer.
Existe además la posibilidad de buscar más restos del padre o el abuelo de Boabdil, que se saben enterrados en el castillo de la localidad de Almuñécar, cerca de Granada, asegura por su parte Abdulrahman. El mecenas emiratí –y es también la idea de Balaguer– quiere reivindicar la figura de Boabdil, ya que según él fue “un hombre de Estado, no un guerrero, un gran negociador que debe pasar a la historia porque prefirió, antes que la guerra, salvar la vida de todo un pueblo”.



 
Mcm : una noticia excelente porque ya es hora que la historia y las generaciones actuales den justo honor a un rey ,grande donde los hubieran.Que pasó a la historia sin gloria por entregar una joya como La Alhambra, muy a su pesar.Amó tanto a su pueblo,sus gentes y su orígenes que pasó al otro mundo sin sus merecidos honores de REY.

Navajo Healing Song By The Navajo & The Sioux


lunes, 4 de marzo de 2013

EN EL SENSIBLE CENTRO DE MI ALMA (lista de reproducción)


Soñar despierto





Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros


Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.
- ¿Pero a qué se debe este fenómeno? – se preguntaban los visitantes-.
En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar de colaborar en el esclarecimiento del hecho.
Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la consciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de consciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo.
Con voz pausada, explicó:
- Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.
Maestro: no seas como este hombre, dormido espiritualmente en tanto crees que estás despierto.

Vivir el presente



Era un yogui muy anciano.

Ni siquiera él mismo recordaba sus años, pero había mantenido la consciencia clara como un diamante, aunque su rostro estaba apergaminado y su cuerpo se había tornado frágil como el de un pajarillo. Al despuntar el día se hallaba efectuando sus abluciones en las frescas aguas del río.
Entonces llegaron hasta él algunos aspirantes espirituales y le preguntaron qué debían hacer para adiestrarse en la verdad.
El anciano los miró con infinito amor y, tras unos segundos de silencio pleno, dijo:
- Yo me aplico del siguiente modo:
- Cuando como, como.
- Cuando duermo, duermo.
- Cuando hago mis abluciones, hago mis abluciones.
- … y cuando muero, muero.
Y al concluir sus palabras, se murió, abandonando junto a la orilla del río su decrépito cuerpo.


Maestro: La verdad no es una abstracción ni un concepto. Cuando la actitud es la correcta, la verdad se cultiva aquí y ahora, de instante en instante.

Viaja a tu corazón








Se proponía efectuar una larga peregrinación a La Meca, cuando se encontró con un instructor espiritual que le preguntó:
- ¿Por qué has de ir a La Meca?
- Para ver a Dios – repuso.
El instructor le ordenó:
- Dame ahora mismo todo el dinero que llevas contigo para el viaje.
Bastami le entregó el dinero, el instructor se lo guardó en el bolsillo, y dijo:
- Sé que habrías dado siete vueltas alrededor de la piedra sagrada.
- Pues bien, en lugar de eso, da ahora siete vueltas a mi alrededor.
Bastami obedeció y dio siete vueltas alrededor del instructor, quien declaró a continuación:
- Ahora sí has conseguido lo que te proponías. Ya puedes regresar a tu casa con el ánimo sereno y satisfecho, si bien antes quiero decirte algo más. Desde que La Meca fue construida, ni un solo minuto Dios ha morado allí. Pero desde que el corazón del hombre fue creado, ni un solo instante Dios ha dejado de habitar en él. Ve a tu casa y medita. Viaja a tu corazón.

Maestro: busca refugio dentro de ti. ¿Qué otro refugio puede haber?

Bastami era uno de los más grandes sufíes de la India.

El Oro




Cierto día, dos hombres que se encontraron en la ruta caminaban junto hacia Salamis, la Ciudad de las Columnas. Al mediodía llegaron hasta un ancho río sin puente para cruzarlo. Debían nadar o buscar alguna otra ruta que desconocían.
Y se dijeron: “Nademos. Después de todo el río no es tan ancho”. Y se zambulleron y nadaron.
Y uno de los hombres, el que siempre supo de ríos y rutas de ríos, de pronto, en el medio de la corriente, comenzó a perderse y a ser arrastrado por las impetuosas aguas; mientras, el otro, que nunca antes había nadado, cruzó el río en línea recta y se detuvo sobre un banco. Entonces, viendo a su compañero luchando aún con la corriente, se arrojó otra vez al agua y lo trajo a salvo hasta la orilla.
Y el hombre que había sido arrastrado por la corriente dijo:
- ¿No habías dicho que no podías nadar?
- ¿Cómo es que cruzaste el río con tanta seguridad?
- Amigo -explicó el segundo hombre-, ¿ves este cinturón que me ciñe? Está lleno de monedas de oro que gané para mi esposa y mis hijos, todo un año de trabajo. Es el peso de este cinturón el que me condujo a través del río, hacia mi esposa y mis hijos. Y mi esposa y mis hijos estaban sobre mis hombros mientras yo nadaba.
Y los dos hombres continuaron su camino juntos hacia Salamis.

Cuento de Gibrán Jalil Gibrán.

Belleza y Fealdad

Vestiduras






Cierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar.
Y se dijeron:
- Bañémonos en el mar.
Entonces se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes más tarde Fealdad regresó a la costa y se vistió con las ropas de Belleza, y luego partió. Belleza también salió del mar, pero no halló sus vestiduras, y era demasiado tímida para quedarse desnuda, así que se vistió con las ropas de Fealdad. Y Belleza también siguió su camino.
Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden una con la otra.
Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de Belleza y saben que no lleva sus vestiduras. Y algunos otros que conocen el rostro de Fealdad, y sus ropas, no lo ocultan a sus ojos.



Cuento del libro “El Vagabundo” de Gibrán Jalil Gibrán

Sobre la arena




Dijo un hombre a otro:
- Con la marea alta, hace mucho tiempo, escribí con mi cayado unas líneas en la arena.
- Y la gente aún se detiene para leerlas y cuida mucho de que no se borren.
Y el otro hombre dijo:
- Yo también escribí unas líneas en la arena, pero lo hice durante la marea baja.
- Y las olas del inmenso mar las borraron y breve fue su vida.
- Pero dime; ¿qué fue lo que tú escribiste?
Y el primer hombre respondió:
- Escribí: Soy lo que soy.
- ¿Y tú, qué escribiste?
Y el otro hombre dijo:
- Escribí esto: Soy sólo una gota de este mar inmenso.


Cuento del libro “El Vagabundo” de Gibrán Jalil Gibrán.

Tus hijos no son tus hijos




Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.
Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista libanés

Tahar y el perfume






Desde que era alcantarillero, Tahar se pasaba todas sus jornadas chapoteando entre los excrementos

Un buen día, al salir de su trabajo, una perfumería despertó su curiosidad y entró en el establecimiento. Asombrado por todas estas fragancias desconocidas, aspiró profundamente para captarlas mejor, pero su cuerpo se puso rígido y perdió el conocimiento en el acto.
Trataron de reanimarle sin éxito. Le hicieron respirar sales, le dieron cachetitos en las mejillas, le rociaron con agua, pero todo fue en vano. Tahar seguía inconsciente.
Avisado, su padre se fue a toda prisa hacia la perfumería, provisto de una cajita de excrementos. Una vez allí, se acercó a Tahar y abrió la caja ante su nariz. Algunas segundos más tarde, éste se despertó, asombrado de encontrarse en una situación semejante.



Maestro: el proceso del crecimiento interior y del florecimiento de nuestro ser esencial necesita tiempo y insistencia. Por mucho que nos gustaría no pasaremos – como en este cuento – directamente de la alcantarilla a la perfumería de nuestro ser.



Cuento del maestro Sufi Rumi, fuente: la sabiduría de los cuentos de Alejandro Jodorowsky

La mecha

Un hombre oyó una noche que alguien andaba por su casa.



Se levantó y, para tener luz, intentó sacar chispas del pedernal para encender su lámpara.
Pero el ladrón causante del ruido, vino a colocarse ante él y, cada vez que una chispa tocaba la mecha de la lámpara, la apagaba discretamente con el dedo. Y el hombre, creyendo que la mecha estaba mojada, no logró ver al ladrón.

También en tu corazón hay alguien que apaga el fuego, pero tú no lo ves.


Autor: Rumi, poeta místico musulmán

Una joya única

Pocas personas somos conscientes del inmenso valor que tiene el tiempo … como consecuencia desperdiciamos nuestro tiempo en cosas sin importancia real.






Cruzando el desierto, un viajero inglés vio a un árabe muy pensativo, sentado al pie de una palmera. A poca distancia reposaban sus camellos, pesadamente cargados, por lo que el viajero comprendió que se trataba de un mercader de objetos de valor, que iba a vender sus joyas, perfumes y tapices, a alguna ciudad vecina.
Como hacía mucho tiempo que no conversaba con alguien, se aproximó al pensativo mercader, diciéndole:
- Buen amigo, ¡salud!… pareces muy preocupado. ¿Puedo ayudarte en algo?
- ¡Ay! – respondió el árabe con tristeza
- Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas.
- ¡Bah! – respondió el inglés
- La pérdida de una joya no debe ser gran cosa para ti, que llevas tesoros sobre tus camellos, y te será fácil reponerla.
- ¡¿Reponerla?!… ¡¿Reponerla?! – exclamó el árabe
- Bien se ve que no conoces el valor de mi pérdida.
- ¿Qué joya es, pues? – preguntó el viajero.
- Era una joya, como no volverá a hacerse otra.
- Estaba tallada en un pedazo de piedra de la Vida y había sido hecha en el taller del Tiempo.
- Adornada con veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta más pequeños.
- Ya ves que tengo razón al decir que joya igual no podrá reproducirse jamás.
- Tu joya debía ser preciosa – dijo el inglés
- Pero, ¿no crees que con mucho dinero pueda hacerse otra igual?
- La joya perdida – dijo el árabe volviendo a quedar pensativo – era un día
- Y un día que se pierde… no vuelve a encontrarse.

El templo exterior e interior

Observa vigilante el estado
De tu propia mente.
El Amor de Dios comienza
En la mansedumbre.

Sabe que el Profeta construyó
una Kaaba extema
De arcilla y agua,
Y una Kaaba interna en la vida
y el corazón.
La Kaaba externa la construyó
Abraham el Santo;
La interior es santificada por la gloria
Del mismo Dios.

En la senda de Dios
Dos lugares de culto señalan los estados,
El templo material,
Y el templo del corazón,
Procura adorar
En el templo del corazón.

Oh pordiosero, el paraíso
Es sólo un aliciente;
El verdadero objetivo
Es la casa del propio Dios.

Ayunar es sólo ahorrar pan.
La plegaria formal es asunto
De ancianos.
Peregrinar es un placer del mundo.
Conquista el corazón,
Dominarlo es en verdad un triunfo.

Aunque pudieras caminar sobre el agua,
No serías mejor que una paja.
Aunque pudieras volar por el aire,
No serías mejor que una mosca.
Conquista tu corazón
Para que puedas ser alguien.

Un hombre puede estudiar
durante setenta años
Y no encender la luz.
Otro puede no haber aprendido nada
en toda su vida
Pero oye una palabra
Y ésta le consume.

En esta senda la discusión de nada sirve;
Busca y quizás encuentres la verdad.


Ansari (Medina 655 - 728)

Traducción: José Luís Gómez

Colores de vida

El espacio se puebla de claridades desusadas y una estación aletea en las yemas de la brisa.

El sol se despierta ahora en soledad de nubes y la atmósfera desempolva lentamente sus azules.

Mientras, los mediodías dulcifican su aliento y las aguas terminan por romper su mutismo.

-Lenta sucesión de huellas en el cielo hacia la primavera soñada-

La tierra se sabe ya embarazada en sus raíces y los campos destilan sin pausa sus pardos mientras bandadas de grullas triangulan sin interrupción la altura y latidos de nuevas voces inundan el aire.

Al fin, la luz desconocida de una mañana inesperada vence la resistencia de las últimas umbrías y la hora se rinde al guiño palpitante de la nueva vida.

El invierno agoniza en mis manos...

Los últimos estertores de la noche agonizan en la brisa y una luz inesperada sorprende al cielo en su desnudez mientras el sol va pintando gotas al rocío y el paisaje renueva sin pausa sus tonos...

Un torbellino de vencejos desvela el silencio de la hora y lejanos alimoches prestan sus blancos a la altura .

De improviso, todo se incendia de amapolas y cientos de botones de oro se esparcen por los prados.

Poco a poco, los minutos despiertan mil aromas dormidos y el campo se recrea en sus notas de frescor.

-Ya los más altos tilos desperezan al viento insinuado y la hierba relame sin pudor sus jugos-

El aire se llena de fragancias del saúco y el día se encamina hacia su verde plenitud.

Inesperadamente, surge la voz del cuco de las entrañas del bosque y la mirada verdea sin remedio sus iris.

Por fin, el mediodía se extasía en sus azules y la tierra esboza un guiño sensual.

Consagración del verde ...

La hora sestea en la hamaca del mediodía y una brisa encendida dibuja inconclusas estelas de un boceto de tormenta.

Imperceptiblemente, cientos de manos han desparramado un tablero de cúmulos nimbados por el azul infinito.

-La atmósfera se abochorna sin remedio y los charcos transpiran por todos sus poros-

El sol enardecido arremete de nuevo contra las reminiscencias del verde e incendia los latidos de la tarde, convirtiendo los campos en una amalgama de sudores y de jadeos de la sombra.

La agonía es breve, pues densos nubarrones desandan ya sus pasos y el paisaje se hunde sin remedio en claroscuros.

Sin interrupción, se inmolan las últimas claridades en un mar de sombras y la tormenta avanza con las velas desplegadas.

Mudas chispas recorren con celeridad un espacio de iones y un trueno herido aúlla su dolor al viento desatado .

-Los relámpagos entrecortan sus silencios y la vida detiene la respiración-

La estación desentumece lentamente sus amarillos mientras los rayos sucumben en lo alto y en un momento dado, el cielo muda su expresión y la tierra se embriaga de verde.

Final del estío marchito...

El viento desnuda la aurora y la vida se despierta extasiada en sus colores...

Los campos viven un apasionado idilio de ocres y oros mientras los campos amamantan sus verdes incipientes.

El aire se llena ahora de latidos del valle y lejanas cumbres se insinúan con trazos desusados.

De improviso, un vuelo de palomas enluta la tibieza del cielo y la vista azulea sin remedio su mirada.

-Una brisa cálida de besos inunda la hora y miles de ramas deshojan sus manos-

Los minutos son ahora una sucesión de jilgueros y la altura se suspende en las alas del cernícalo. Lentamente, la corriente va derramando aguafuertes de oro en sus orillas y un otoño inacabado dibuja las primeras umbrías al bosque.

La atmósfera atenúa sus tonalidades y las hojas reflejan minutos de una tarde que agoniza a lo lejos.

Lujuria del otoño en mis sienes...

Una luna inacabada desgrana su mustia sombra y despunta solitarios mástiles de un infinito océano de blancura.

-Todo es nieve en la mañana, la vista se humedece en la luz helada y el alma se blanquea en el alba desvelada-

El viento ya desatado restriega las manos de las más altas ramas y la nieve se renueva en el goteo de sus pinceladas.

El río nada entre las faldas de la nevada y verdea el cielo con sus espejos mientras el aire hibernado se fragmenta en mil cristales.

El espacio se ahoga ya sin remedio entre irisaciones de blanco y azul helado y las huellas de la noche trepan por escalas de silencio hasta morir cegadas en la altura.

La esencia de lo níveo termina al fin por aguarse y el paisaje se diluye en las mil gamas del blanco primigenio.

Amanecer nevado de mi alma...

Autor: Germán Gorraiz López

Cuento seleccionado de las 1001 Noches. Traducción de Juan Vernet - Ed. Planeta

Cuentan – pero Dios es más sabio – que había un rey de reyes, persa, al que complacían las diversiones, los paseos y toda clase de cacerías. Un halcón, al que había adiestrado, permanecía a su lado día y noche, y dormía durante ésta apoyado en la mano de su dueño. Cuando salía de casa lo llevaba consigo. Le había colgado en el cuello un vasito de oro, en el que le daba de beber.

Cierto día en el que el rey estaba sentado en su trono, se presentó el cetrero y le dijo: “Rey del tiempo: es ya época de empezar a cazar”.

El rey se preparó para salir, colocó el halcón en su mano y partió. Llegaron a un valle en el que extendieron la red de caza y en ella cayó, de repente, una gacela. El rey exclamó: “¡Mataré a aquél por cuyo lado escape la gacela!

El círculo de cazadores fue estrechándose, mientras que ella, por su parte, fue acercándose al rey, hasta que, por fin, se irguió sobre sus patas y, apoyándose en sus manos, las colocó debajo del pecho como si fuese a besar la tierra ante el soberano. Este bajó la cabeza y el animal dio un brinco, huyó por encima de su testa y se dirigió campiña adentro.

El rey se volvió a mirar a los soldados y observó que se guiñaban los ojos. Preguntó “¡Visir ¿Qué se están diciendo los soldados?

Comentan lo que dijiste: que aquél por cuyo lado escapase la gacela, sería ajusticiado”.

¡Por mi cabeza! ¡La perseguiré hasta volver con ella!

El rey se puso a seguir el rastro de la gacela y no se cansó de ir tras sus huellas.

El halcón iba picando en los ojos del animal fugitivo, hasta que al fin la cegó y la aturdió; entonces el rey levantó la maza y de un solo golpe la derribó. Se apeó, la degolló y la colgó del arzón de su silla. Era una hora de calor y estaba en un lugar árido; no había agua. El rey y su corcel tenían sed, por lo que el soberano dio una vuelta y divisó un árbol, del que fluía un líquido que parecía manteca. Como tenía la mano enfundada con el guante de piel, tomó el vasito del cuello del halcón, lo llenó de aquél líquido y lo colocó delante de él. Pero el halcón dio un golpe al vasito y lo vertió.

El rey cogió de nuevo el vasito, lo llenó y, creyendo que el halcón estaba sediento, se lo colocó delante, pero el animal lo derramó de nuevo. El rey se enfadó con el pájaro y, tomando el vasito por tercera vez, se lo acercó al corcel; pero el halcón, con el ala, volvió a verterlo.

El rey exclamó: “¡Dios te confunda, la más nefasta de las aves! ¡No me has dejado beber, no has querido hacerlo tú y encima se lo has impedido al caballo!

Dicho esto, de un sablazo le cortó ambas alas.

El halcón levantó la cabeza y dijo por señas: “Mira lo que hay encima del árbol”. El rey levantó la vista y vio una serpiente, cuyo veneno era el líquido que fluía del árbol. Y se arrepintió de haberle cortado las alas al halcón.

Montó, el rey, en su caballo y llevó la gacela al lugar del que había partido. Al entregarla al cocinero, le dijo: ¡Cógela y ásala!. Luego se sentó en su silla, sosteniendo siempre al halcón en la mano, hasta el momento en que el animal, tras un estertor murió. El rey prorrumpió en gritos de tristeza y de dolor por haber matado al halcón en recompensa de haberle salvado de la muerte.

Cuento Sufí: ¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe




Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra. El vecino que se percató de este hecho corrió a la puerta de nuestro hombre diciéndole:

—Tu caballo se escapó, ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

—¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes con los que se había unido. El vecino, al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

—No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar. ¡Qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Más adelante el hijo de nuestro hombre montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

-¡Qué mala suerte has tenido! Tu hijo se accidentó y no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

—¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Pasó el tiempo y en ese país estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al de nuestro hombre se le declaró no apto por estar imposibilitado. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

—Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

—¿Buena suerte o mala suerte? Sólo Allah lo sabe.

Beber un té en el desierto

Ayunando uno tiene hambre, tiene sed... ayunando, ¿espera uno el té?

El ayuno nos hace más transparentes, nuestra sombra desaperece, se llena nuestro corazón.

Viajé de Arabia a Irak en el Ramadán, ayunando... con el desértico paisaje espeluznante, el silencio, la eternidad del ardiente clima. El horizonte como una manta áspera da la impresión de rocas quemadas, como si fueran residuos de lava volcánica.

Pensaba en la hiyra, ese viaje infinito del mensajero, aquél que nos guía sin que paguemos precio alguno. A nosotros nos parece tán difícil el viaje, a pesar de tener las comodidades de hoy y pensaba en cómo él manifestaba su miedo y su súplica.

Cuando llegamos a la frontera, faltaba poco para la hora del iftar (rompe-ayuno), quizás una media hora. Nuestra intención era pasar la frontera tan pronto como fuera posible y llegar a un asentamiento en Irak. En caso contrario, nos enfrentaríamos a la difícil situación de romper el ayuno en medio del desierto.

Los funcionarios saudíes, a pesar de todas las protestas, cerraron la aduana internacional y se fueron diciendo que era el "tiempo del iftar", dejándonos con las miradas desconcertadas.

No olvidaron decir que venían “después del iftar”, pero de todos modos no teníamos otro sitio donde ir.

A lo lejos se veía una pequeña ciudad. Afuera de la cuidad había obras.
¿A qué prestar atención? ¿A que nos habíamos quedado en el desierto?, ¿a la indiferencia de los funcionarios saudíes? ¿o a que aunque se tratara de una aduana internacional, el ritmo de vida y el entendimiento de trabajo se establece según diferentes criterios, por ejempo la hora del iftar?

Me tumbé en la caída de la duna, en consonancia con el desierto. El azul del cielo está apunto de mezclarse con el rojizo de la tarde. Pronto será el tiempo del iftar. No tengo otro pensamiento que el de disfrutar del silencio, de permanecer tumbado de la forma más natural sobre esa colina de arena donde el cielo y el desierto se reunen. Mi compañero Sadik está agitado, preocupado de cómo romperemos el ayuno.

Finalmente, cuando llegó la hora, me recobré del mundo en que me perdí. Volví en mí, ¡volví al iftar!, a las charlas, las emociones y al entusiasmo del rompe ayuno. Parece como si nuestros cuerpos temblaran en el aire del desierto, como corazones ligeros, como plumas.

Una mesa puesta en el aire en medio del desierto, con un poco de comida, modesta y sencilla dentro de sus posibilidades. Después del iftar, el encuentro de la frente con la arena, en el salat. Como si se elevaran las frentes a la profundidad de los cielos mientras tocan los granos de arena.

En el desierto, tranquilo, en medio de sentimientos aislados, ¿qué puede parar los deseos de mis placeres? No voy en busca de agua, deseo beber una taza de té... parece como si la metáfora del desierto sediento de agua estuviera equivocada. El desierto y el té...

¡En el desierto hay que beber té!

En la distancia, las luces brillan...
Las sombras de los trabajadores de la construcción alrededor del fuego del iftar crecen en el desierto, extendiéndose y llegando hasta mis pies.

Sí, tenía que ir allí, seguro que sus corazones son de los que comparten.

Llegué andando hasta los trabajadores. Por su imagen estoy seguro que eran de India o Pakistán. Vi la tetera encima del fuego, les saludé y sin más palabras me apresuré a pedirles un vaso de té, solo quería un vaso de té. La respuesta que recibí fue tan modesta y acorde con el desierto, tan infinito... “Te lo traemos.”

En breve un trabajador moreno con una frente brillante de turabi vino con una tetera y los vasos.

Me quedo tumbado sobre la arena mirando las estrellas, inhalando el maravilloso placer de ese encuentro, en un clima completamente diferente, con el té hecho por la mano de la humildad y la hermandad.

Tomarse un té en el desierto solo podía ser una cosa así...

El maestro y el loro


Enseñananza sobre la virtud de la sinceridad del corazón

Había un maestro que enseñaba a sus discípulos el credo, que en árabe se conoce como "la aqida".

Les educaba en la unicidad de Dios y les explicaba el verdadero significado de esta afirmación.

Un día un discípulo regaló a su maestro un loro. Al maestro le gustaba tener pájaros y gatos. Con el tiempo el maestro empezó a querer al loro. Lo traía a las clases e incluso le enseñó la pronunciación de la frase: "No hay deidad sino El Dios". El loro la pronunciaba día y noche...

Un día los alumnos encontraron a su maestro llorando a mares. Cuando le preguntaron que le pasaba, éste les contestó: -Un gato mató al loro.

-¡Por eso lloras! Le dijeron. Si así lo deseas, te traemos otro y que sea mejor que el primero.

El maestro dijo: No lloro por eso. Estoy llorando porque cuando el gato atacó al loro, el loro gritaba y gritaba hasta que murió, a pesar de que desde que le enseñé a pronunciar “la ilaha illa Allah” (No hay deidad sino El Dios), no ha dejado de pronunciarla día y noche, sin embargo cuando el gato le atacó, se lo olvidó de pronunciarla. Solo gritaba y gritaba hasta que murió. ¡Cuando le enseñé a pronunciarla, le enseñé a decirla con su boca, no con su corazón, para que puediera sentirla!

A continuación, el maestro dijo: Tengo miedo de que seamos como este loro. Vivimos nuestras vidas repitiendo “la ilaha illa Allah” con nuestra lengua, pero cuando la muerte nos llegue... Espero que no la olvidemos y seamos capaces de recordarla, porque nuestros corazones no lo conocen y no lo sienten en su totalidad.

Así que los discípulos lloraron por temor a la falta de honestidad en sus actos y en sus palabras.

¿Y nosotros, hemos aprendido “la ilaha illa Allah” con el corazón ? ¿O solo con la lengua?

No se elevó al cielo una cosa más grande que la sinceridad en nuestros actos, y no baja a la tierra una cosa mayor que la ayuda de Allah hacia sus siervos. Según sea la sinceridad y la honestidad de nuestros actos, será la ayuda de Allah.

¡Oh Allah, haz que seamos sinceros y honestos con nosotros mismos y con la gente y contigo tanto en palabras como en hechos!

Amin

Bailando bajo la lluvia

Una mujer muy sabia desperto una mañana, se miró al espejo y notó que solamente tenía tres cabellos en su cabeza.

"Hmmm"- Pensó. "Creo que hoy me voy a hacer una trenza".

Así lo hizo y pasó un día maravilloso.

El siguiente día se despertó, se miró al espejo y vió que tenía solamente dos cabellos en su cabeza.

"Hmmm"- Dijo. "Creo que hoy me peinaré con la raya en medio".

Así lo hizo y pasó un día grandioso.

El siguiente día cuando despertó, se miró al espejo y notó que solamente le quedaba un cabello en su cabeza.

"Bueno"- Dijo ella, "ahora me voy a hacer una cola de caballo".

Así lo hizo y tuvo un día muy, muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida notó que no lo quedaba un solo cabello en la cabeza.

"¡Qué bien! - Exclamó. "¡Hoy no voy a tener que peinarme!".

Autor: Fernando Navarro

Moroccan Andalusian Song طلع البدر علينا أندلسية


Orchestra Otmani of Fes - Andalusian Music - Musique Andalouse


Sephardic Jewish Arabic Moroccan Gitano Flamenco song & dance Al-Andalus


Mor Karbasi - Yasmin