martes, 23 de abril de 2013

La importancia socio-política de la mujer en el Antiguo Egipto




A través de las huellas del pasado, se refleja  la historia de ciertas mujeres que formaron parte de la Historia de Egipto. Sus vidas quedaron plasmadas en sus monumentos y esculturas. Algunas serán poco importantes para nosotros, pero ellas en su tiempo sí lo fueron, en el sentido que contribuyeron también a forjar aquella milenaria civilización. Les presentaré algunas de sus vidas, que no por ser de un ama de casa, por ejemplo, fueron menos importantes que las de las reinas. No vamos a hablar de sus representaciones en pinturas, en sarcófagos ni de sus momias. Será, como dije, a través de sus representaciones en estatuas y monumentos que han ido saliendo a la luz, durante las innumerables excavaciones arqueológicas realizadas durante los últimos siglos.
Las mujeres de la realeza dejaron muchos recuerdos de su paso por este mundo, como grandes templos, tumbas, y estatuas. Pero también las féminas corrientes nos dejaron su impronta como, capillas funerarias, estatuaria, estelas votivas y funerarias, mesas de ofrendas, etc. todas ellas llevando los nombres y títulos de sus propietarias o de las oferentes.
Este corpus ha sido poco estudiado, no sabemos por que causa, pero la realidad es que está ahí y ha llegado hasta nosotros en gran cantidad debido, en gran parte, a que fueron grabados en piedra. Sabemos que mujeres comunes, así como de la clase alta y de la realeza, fueron recordadas ya en su tiempo en esculturas y monumentos artísticos y arquitectónicos, como medio de ilustrar la independencia, posiciones responsables y el respeto del que disfrutaron las mujeres de todas las clases sociales en el Egipto Faraónico.
En las tumbas halladas en todo el Valle del Nilo, han sido encontradas grandes extensiones de decoraciones murales, tanto del Imperio Antiguo, como del Medio y el Nuevo. Vemos en ellas, no sólo escenas religiosas y ritos funerarios, sinó también otras de caza, deportes, trabajos domésticos y agrícolas, juegos, mercadeo, y las propias de la maternidad.
Las representaciones de esbeltas mujeres, atractivamente acicaladas y primorasamente grabadas en la piedra, destacan agradablemente en casi todos los casos. Aunque sean mujeres de clase social baja, han sido inmortalizadas con gracia y dignidad.
Las esculturas de las esposas de propietarios de tumbas, figuran de forma prominente como compañeras y soporte de sus maridos. Es corriente que sean ellas las que abrazan y protegen a sus maridos, incluso a veces, en plan muy maternal ... y ellos se dejaban proteger.
En el Imperio Antiguo (2647-2124 a.J.C.), en las escenas que aparecen niños y criados, están siempre representados a menor tamaño, pero no así las esposas (esto se ha discutido mucho); a veces puede parecer que algunas cónyuges son como algo más pequeñas, pero ello sólo es debido a que, como sabemos, los artistas egipcios no dominaban la perspectiva; al hacerlas algo más pequeñas, nos están indicando que, aunque estén en el mismo plano, se debe entender que están algo más hacia atrás. También existen excepciones.
A juzgar por la estatuaria y escenas funerarias, la relación hombre-mujer en el Antiguo Egipto, era en régimen de igualdad. Lo que no es cierto, y esto lo interpretaron así algunos autores, es que la sociedad egipcia fuese de tipo matriarcal. Las representaciones artísticas expresan claramente, mejor aún que los textos, la igualdad de derechos de ambos sexos. En la estatuaria y en la decoración de las tumbas (casas para la eternidad), se representan con gran vivacidad, la realidad de la vida de la mujer que, actúa consciente e independientemente, de la voluntad del hombre; aunque siempre, dentro del matrimonio y de la familia.
La información sobre la, llamémosle, tendencia matriarcal de la sociedad egipcia, nos ha llegado más por fuentes griegas y romanas, que por la propia egipcia. Bajo el prisma de estas otras sociedades de la antigüedad que hemos mencionado, donde las atribuciones y derechos de la mujer eran más limitadas, esta igualdad hombre-mujer de la sociedad egipcia, resultaba a sus ojos tan sorprendente, que se llegó a creer que la mujer egipcia ocupaba una posición de pleno dominio sobre el hombre, lo cual se aparta de la realidad por completo.
Por otra parte, la organización social egipcia era eminentemente monógama. La ley no permitía a un egipcio, burgués o villano, casarse con su hermana, por ejemplo; en cambio, la ley facultaba al faraón a actuar como quisiese. La poligamia se dio principalmente en la realeza, pero siempre, la primera esposa titulada Gran Esposa Real (algo similar a nuestro concepto de reina), ocupaba un lugar preponderante en palacio. El faraón podía tomar cuantas esposas desease, incluso desposarse con sus hijas y hermanas, como se ha visto a través de la historia, y además podía tener concubinas, pero este privilegio real no podía ejercerlo un súbdito.
Es obvio, por infinidad de escenas que nos lo confirman que, las mujeres egipcias de la antigüedad, eran muy respetadas y estaban totalmente inmersas en la sociedad de su época en plano de igualdad. Tenían funciones como cultos en el templo y títulos como, Señora de la Casa (este era un título muy importante) o en la esfera económica.
El término hmt, se puede interpretar como esposa. Para designar Señora de la Casa, utilizaban nbt pr, que al mismo tiempo también significaba, Administradora de los Bienes Familiares.
Mujeres campesinas las vemos en la faenas agrícolas, cazando aves, moliendo grano o fabricando cerveza. Mujeres de clases más elevadas, las vemos como danzarinas, tocando instrumentos de música, plañideras profesionales y miembros activos de los templos como cantoras y, en las escenas de fiestas y banquetes, como un miembro más de la sociedad. Raras, aunque existen algunas, son las escenas en que una mujer gobierna un bote, como por ejemplo en la tumba de Neferhotep (TT49).
Vemos también como, en la importantísima industria textil del lino[2], por muchos siglos, el hombre no interviene.
En el Imperio Antiguo, los títulos que denotaban posiciones de autoridad y responsabilidad pertenecientes a mujeres, eran reservados a las féminas de las clases sociales más altas, las cuales muchas veces, estaban ligadas a la familia real por vínculos de sangre o por matrimonio con la nobleza. Una mujer, por ejemplo, fue Inspectora de Médicos para Mujeres (ginecólogas) [Ghalioungui,1975]; otra tenía los importantes títulos de Juez y Visir, aunque eran títulos honoríficos [Fischer,1976 y 1.989]. También encontramos en la historia egipcia, abundantes títulos con poder y autoridad en mujeres, como Directora del Refectorio, Inspectora de Sacerdotes Funerarios o Inspectora de los Talleres de Tejedoras[3] [Fischer,1976 y 1989]. Es interesante hacer notar que, los títulos religiosos no estaban limitados solamente a mujeres de la nobleza; también mujeres comunes ocuparon cargos como, sacerdotisas de las principales deidades femeninas. Cargos administrativos y sacerdotales femeninos los hemos encontrado en monumentos del Imperio Antiguo y muy pocos en el Imperio Medio (1040-1648), tal vez por ser un período de inestabilidad económica y social, pero sí otros menores como, cervecera, peluquera, jardinera, hortelana o molinera [Ward,1986 y 1989].
Durante el próspero período del Imperio Nuevo (1540-1069 a.J.C.), la presencia de la mujer en todos los órdenes, se hace más patente. Además de las escenas grabadas en los muros, las tumbas y los templos contienen estatuaria privada, tanto femenina como masculina. Las parejas de esposos sentados se hacen muy populares. Menos corrientes son las estatuas de mujeres solas sentadas, como la de la sacerdotisa Mitret, del Imperio Antiguo, descubierta en Gizeh por un equipo de la Universidad de Berkeley (California) a principios de este siglo, o el retrato de Lady Sennwy, esposa del nomarca Hapdjefi de Assiut (Imperio Medio), que es un ejemplo supremo del retrato a tamaño natural realizado en granito; hoy se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Boston. La gracia de la figura radica en que, el desconocido escultor, utilizó el tocado tripartito para poder así eliminar el socorrido pilar posterior que frecuentemente sujetaba y reforzaba la cabeza para evitar la rotura por el cuello.
Egipto durante el Imperio Nuevo, continua expandiéndose y el resultado es una sofisticación más cosmopolita. Durante este período, los retratos de las damas egipcias se realizaban esencialmente a dos diferentes tamaños, a saber: las mujeres de una escala social alta o de conocida riqueza, eran perpetuadas a tamaño natural, mientras que, las de condición más humilde, tenían que contentarse con estatuillas que podían medir entre 30 y 60 cms. de altura. También han aparecido esculturas de dos mujeres sentadas o de pié; generalmente es la protagonista con su hija o con su madre. Muy raro es que sea con su padre o con su hermano. Cuando una mujer aparece con un hombre, en principio hay que pensar que sea su marido.
En el Nuevo Imperio y especialmente en las XVIII y XIX dinastías, aparecerán tallas individuales más voluptuosas, en las que los artistas han plasmado con gran delicadeza y primor, tanto los rizos de las pelucas como las texturas de los vestidos y las formas de la mujer. Las curvas de sus cuerpos jóvenes y esbeltos, nos lo muestran a través de sus vestidos de lino transparente y podemos decir que, en vez de vestirlas, lo que hacían era desnudarlas, haciéndolas más atractivas y apetitosas. Como la famosa escultura de un cuerpo acéfalo, atribuida a la reina Nefertiti, que se encuentra en el Museo del Louvre.
Las estelas privadas son más comunes que las estatuas, tal vez por ser más fáciles de realizar y también, hay que pensar en ello, que su costo sería menor. Su fin era el perpetuar la memoria de sus propietarios, igual que hacemos ahora en nuestros días. Las estelas reflejaban siempre a los fallecidos, generalmente sentados ante una mesa de ofrendas con comida y bebida abundantes; algunas veces incluían también a miembros de su familia. Las estelas llevan inscritos el nombre y los títulos del propietario, junto con una invocación para pertuar las ofrendas, como por ejemplo: Mil panes, cerveza, carne y aves para ... (el nombre del difunto). La mayoría de estas estelas son de esposas o viudas, aunque también las hay de mujeres solas o con sus maridos.
En los fondos del Museo Metropolitano de Arte de New York, existe una estela del Imperio Medio, dedicada a dos mujeres (llamadas Inyotefankh y Meswet-Netrettekh) que les fue ofrecida por las cuatro mujeres de condición modesta que aparecen el la misma. El título más común, independiente de la clase social a la que perteneciera una mujer era, insisto, el de Señora de la Casa.
La mujer que poseyera un título clerical sería grabado, sin excepción, en su estatua, tumba o estela. Estos títulos religiosos se otorgaban con más profusión en el Imperio Medio, que en épocas posteriores. Hasta la XII Dinastía, las estelas eran hechas exclusivamente con fines funerarios pero, posteriormente, también las encontramos como ofrendas votivas a los dioses, por personas vivas. Un grupo de 14 estelas dedicadas por mujeres de condición humilde, con títulos como camareras y lavanderas, fueron encontradas en Lischt por Ward en 1989.
Eran estelas votivas en las cuales sólo la mujer que la dedica está representada en actitud de adoración a sus dioses favoritos. Han sido encontradas también en numerosos lugares y cementerios de Deir el-Medineh y en Abydos.



Amigos de la Egiptología

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