viernes, 27 de abril de 2012

El cuento de los agradecidos

En un oasis lejano, el viejo Eliahu se encontraba de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras. Su vecino Hakim, acaudalado mercader, se detuvo en el oasis para que bebieran sus camellos, y al ver a Eliahu sudando, le preguntó:
“¿qué tal anciano? ¿qué haces aquí con esta temperatura y esa pala en las manos?”.
“Siembro” –respondió el viejo.
“¿Y qué siembras?” preguntó el mercader.
“Dátiles”, respondió Eliahu, mientras señalaba a su alrededor.
“¡Dátiles!” repitió el recién llegado, cerrando los ojos como quien escucha la mayor estupidez. “Creo que el calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber un licor”.
“No” –dijo Eliahu, “debo terminar la siembra. Luego si quieres beberemos”.
“Díme cuantos años tienes…”
“No sé, setenta, ochenta,… lo he olvidado. Pero ¿qué importa eso?
“Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y después de ser palmeras adultas darán frutos. Y es que, aunque vivas hasta los ciento un años no creo que puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo”.
“Mira, Hakim: yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto, y solo en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea”.
“Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste”. Y Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
“Te agradezco tus monedas. Dijiste que no llegaría a cosechar lo que sembraba. Acabo de cosechar una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo”.
(Este es un resumen de un cuento sufí).


Lord's Prayer (Aramaic)

Dan Gibson - Cascades




Algunas personas dicen que "la venganza es un plato que se sirve frío". Pero se equivocan. Igual que la ira es una emoción destructiva, el deseo de "darle a alguien una lección" lleva en sí mismo una lección para el aspirante a maestro. Nos roba nuestra libertad para dejarlo estar, para seguir adelante y para hacer cosas más constructivas con nuestro tiempo y energía. Todo eso es demasiado valioso como para renunciar a ello

El Silezio-Andre Rieu (Trompette)



Qué maravilla para el alma ¡¡¡

Comme si demain n'existait pas Alain Morisod et Sweet People

Nina Simone- I Put Spell On You




I put a spell on you..
'Cause you're mine.

You better stop the things you do..
I ain't lyin'
No I ain't lyin'...

You know I can't stand it,
You're runnin' around.
You know better daddy..
I can't stand it cause you put me down.

I put a spell on you..
Because you're mine...
You're mine..

I love ya..
I love you..
I love you...
I love you anyhow..
And I don't care.
if you don't want me,
I'm yours right now...

You hear me,
I put a spell on you..
Because you're mine...

Nina Simone - If He Changed My Name

jueves, 26 de abril de 2012

Historias de Timbutcú.

La mítica ciudad de las caravanas custodia magníficos libros, cartas misteriosas...y un mundo de intrigas.

Por Peter Gwin
Fotografías de Brent Stirton



En la antigua ciudad caravanera de Timbuctú, noches antes de que me entrevistara con el bibliófilo, con el morabito o con la novia del boina verde, me citaron en la azotea de una casa para conocer al tratante de sal. Me habían dicho que poseía información sobre un francés a quien unos terroristas retenían en algún lugar perdido en el desierto del norte de Mali. Los camiones del tratante cruzaban con regularidad aquel paisaje inhóspito para abastecer las minas próximas a la frontera argelina y regresar a Timbuctú con las pesadas lajas de sal. Era por tanto verosímil que supiese algo de los secuestros que prácticamente habían aniquilado el negocio turístico en la legendaria ciudad.

(El tratante de sal)

Llegue a una casa de un barrio árabe después de la llamada a la oración. Un muchacho me hizo cruzar el oscuro patio y subir la escalera de piedra que conducía a la azotea, donde el tratante de sal aguardaba sentado en un cojín. Era una figura rotunda, pero parecía minúscula al lado del gigante que había sentado a su lado, quien, al ponerse en pie para saludarme, revelo una estatura cercana a los dos metros. Llevaba la cabeza cubierta en un turbante de lino que solo dejaba ver los ojos, y su mano, enorme y cálida, hizo desaparecer la mía.
Sin prisa intercambiamos las cortesías que desde siglos preceden toda conversación en timbuctu,. La paz sea con vosotros. Y con vosotros. ¿La familia bien?¿el ganado cebado?¿la salud bien? Alabado sea Al-lah. Acabado el preludio, el tratante de sal guardo silencio. El gigante saco una hoja de pergamino y con una potente voz de barítono explico que se trataba de un fragmento de un Corán que siglos atrás había llegado a la ciudad en una caravana procedente de Medina. “los libros-dijo , enfatizando las palabras con su enorme dedo índice-fueron en su día mas apreciados que el oro y los esclavos en timbuctu”. Encendió una linterna y se coloco sobre la nariz unas gafas muy estropeadas por el uso. Pasando las hojas cuidadosamente con sus dedos colosales, comenzó a leer en árabe mientras el tratante de sal iba traduciendo; “¿Piensan los hombres que se les dejara decir: ¡creemos!, Sin ser probados? Ya probamos a sus predecesores, y Al-lah conoce perfectamente a los sinceros y a los que mienten”.
Me pregunte que tendría que ver aquello con el francés. “Mire que figura caligráfica- dijo el gigante, señalando las delicadas volutas de tinta roja y negra, desvaída sobre la hoja amarillenta-. Se lo dejo a buen precio. “ recorrí entonces al repertorio de excusas con que solía librarme de los que vendían orfebrería de plata cerca de la mezquita. Le agradecí que me mostrara el libro y le dije que era demasiado hermoso para salir de timbuctu.El gigante respondió educadamente con un movimiento afirmativo de cabeza, recogió el pergamino y desapareció escaleras abajo…….

Love Me Tender Thalia & Elvis Subtitulado Español

miércoles, 25 de abril de 2012

Música Para Meditar ☥ Egipto☥

Benditos mis competidores ...


Que me hacen levantar más temprano y me rinde más el día. Que me obligan a ser más atento, competente y disciplinado. Que me comprometen a juzgar mi inteligencia, para mejorar mis servicios. Que me imponen la diligencia, pues si no existiera sería yo flojo, incompetente y retrógrado. Que callan mis virtudes y gritan a voz en cuello mis defectos y así los puedo corregir.
que me hacen ver en cada cliente,un hombre al que debo servir y no explotar,lo que me da un amigo en cada uno.
que me hacen tratar humanamente a mis compañeros para que se sientan parte de mi equipo y rindan más con entusiasmo.
que han acrecentado en mi,el anhelo de superación y mejoramiento.
que por su presencia me ha convertido en factor de progreso y prosperidad para mi empresa.
Ave¡  competidores ¡  yo os saludo ¡ que el señor os de larga vida.

Anónimo

Beautiful Chinese Music【31】Traditional

lunes, 23 de abril de 2012

La Cueva de Cervantes, el ilustre cautivo

En el antiguo jardín del "renegado" Alcayde Afan, a tres millas al sur de la Argel de finales del siglo XVI, se encuentra la "Gruta de Cervantes", donde el escritor español se refugió en 1577 durante el segundo de los cuatro intentos fallidos de fuga que llevó a cabo en sus cinco años de cautiverio en Argelia.
En la actual calle Cervantes, bajo el imponente monumento levantado a los mártires de la guerra de independencia argelina y con unas vistas privilegiadas del puerto de la ciudad, se halla el pequeño jardín vallado que hoy alberga la gruta.
Varios argelinos charlan a la entrada de la cueva, en la que recargan la batería de un teléfono portátil.
"Aquí estuvo Cervantes, el escritor del Quijote", dice uno de los hombres antes de sacar un contenedor de basura que se encuentra en el interior de la gruta, de más de dos metros de altura en su entrada y que se va estrechando como un embudo a medida que se avanza hacia su interior.
La cavidad, plagada de inscripciones irreconocibles, talladas en la roca como viejos tatuajes, aparece bastante limpia y despejada, aunque algo descuidada, al igual que el entorno, un pequeño rincón arbolado que parece adormecerse al sol del mediodía.
Junto a la cancela de hierro aún sobreviven los restos de una placa conmemorativa y los ganchos metálicos que en su día sustentaban otra de bronce.
José Antonio Doñoro, analista de mercado en la Oficina Comercial de España en Argelia, cuenta cómo en el año 2000 salvó del robo dicha placa de bronce, que había sido colocada en 1887 por los marinos de una escuadra española a su paso por Argel.
Se había acercado a la plaza a enseñársela a un visitante y descubrió que la placa había sido arrancada. La encontraron medio escondida "en un pequeño hueco" y, no sin esfuerzo, lograron meterla en el coche y evitar a los vecinos, que intentaron impedir el "rescate" de la inscripción.
"Se la llevamos al agregado militar español y actualmente se encuentra junto al despacho del embajador de España, en la cancillería española en Argel", agregó.
Doñoro, que desde los años 90 ha vivido durante varias épocas en Argelia, cuenta que el aspecto actual de la cueva está bastante cuidado en comparación con el de otras ocasiones en las que ha visitado el lugar.
Ahora, en mitad de la pequeña plazoleta desde donde se tiene acceso a la cavidad, se yergue un monolito con una placa conmemorativa que en el francés de Molière recuerda los cinco años de cautividad del escritor.
Junto a catorce presos, Miguel de Cervantes se ocultó en esta cueva situada en la propiedad del griego "renegado" (musulmán converso) Alcayde Afan, gracias a la complicidad de otros dos españoles, un jardinero y el "Dorador", que según las crónicas, fue quien facilitó víveres a los presos durante su estancia en el lugar.
Los fugados esperaban en la gruta la llegada de una embarcación fletada desde España que debía pasar a recogerlos. Desde la cueva se tenía y aún se tiene una amplia vista de la costa.
Pero la fragata nunca arribó y el "Dorador", al parecer, acabó delatando a los presos. Fracasaba así el segundo intento de fuga del cautiverio argelino de Miguel de Cervantes.
En septiembre de 1575, el soldado Miguel de Cervantes, de regreso a España desde Nápoles tras luchar a las órdenes de Juan de Austria en la marina española regresaba a España con varias recomendaciones.
Sin embargo, en las costas entre Marsella y Barcelona, la flotilla en la que navegaba fue asaltada por corsarios, su barco fue apresado y la tripulación llevada presa a Argel.
Apenas cinco meses después de llegar a la ciudad africana, a principios de 1576 llevó a cabo su primer intento de fuga, escapando a pie hasta Orán.
Tras este fracaso y el de la cueva, aún lo volvería a intentar en dos ocasiones más.
Las cartas de recomendación que llevaba en el momento de su captura habían hecho pensar a sus captores que Cervantes era un personaje principal, un "ilustre cautivo" por el que podían exigir un alto rescate.
Y así fue, el 19 de septiembre de 1580, el redentor Fray Juan Gil compró su libertad pagando un rescate de 500 ducados de oro.
De su cautiverio, quedan el reflejo literario en varias de sus obras, incluido el Quijote, donde narra la historia del Cautivo de Argel, y esta gruta natural que también resiste al tiempo, horadada en este farallón argelino.