miércoles, 28 de octubre de 2009

Ser fieles en las cosas pequeñas




Seamos fieles en las cosas pequeñas, porque ahí estará nuestra fortaleza. Miremos el ejemplo de la lámpara que arde con el aporte de pequeñas gotitas de aceite, y sin embargo da mucha luz.

Las gotitas de aceite de nuestras lámparas son las cosas pequeñas que realizamos diariamente: la fidelidad, la puntualidad, las palabras bondadosas, las sonrisas, nuestra actitud amorosa hacia los demás.

No hay nada que sea pequeño a los ojos de Dios, y Él mismo se tomó la molestia de hacerlas para enseñarnos cómo actuar. Por eso se transformaron en infinitas.

Las tentaciones las tenemos todos. Pero si Jesús es una realidad viviente en mi vida, entonces ya no tengo miedo.

Somos pequeños instrumentos, pero muchos pequeños instrumentos en las manos de Dios pueden hacer milagros.

Yo soy el lápiz de Dios. Un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere.

Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para Dios.

Autora: Madre Teresa de Calcuta

Un destino

La pureza del espíritu esta marcada con las señas y medidas del alma, de manera que la grandeza del alma del hombre sea la medida del espíritu.

El alma a su vez es producto de una vida que algunos creen, esta basada en un destino ya escrito, puedo ver el destino escribiéndose durante toda una vida y aun después; cualquiera sea ese después.

De este modo no somos mas que un espíritu encarnando un alma que se mueve al compás de un cuerpo físico al que ha de utilizar como vehículo para alcanzar un destino que nunca llegará, porque nunca dejaremos de escribirlo.

Ese destino y la forma que escojamos para escribirlo será el trabajo de la mente y nuestro instinto y solo esto nos hará distintos unos de otros, es así como el mundo real se convierte en un inmenso libro con una infinidad de hojas imaginarias, donde quedará escrito el transcurrir de nuestro destino y nuestra vida, de nuestro puño y letra creando las huellas que algún día nos permitirán regresar y recordar que estamos vivos...

La edad que tengo...


¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo: Gritar sin miedo lo que pienso...
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido. ..
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo,
"y otras que estoy en el apogeo".
Pero no es la edad que tengo,
ni lo que la gente dice,

sino lo que mi corazón siente
y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen porque decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!
¡Estas muy viejo, ya no podrás!

Tengo la edad en que las cosas
se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones, se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego
de una pasión deseada.
Y otras es un remanso de paz,
como el atardecer en la playa.

¿Qué cuantos años tengo?
No necesito con un número marcar,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas...

¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cuarenta ,
cincuenta o más!

Pues lo que importa:
¡Es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuántos años tengo?
¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo
y hacer lo que quiero y siento.

Silvana